The Blacklist, Ep 23, Temp 10
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El último episodio con el que terminó The Blacklist, el 22 de la temporada 10, nos dejó a mucho con la sensación de que pudo haber sido diferente. La vida de Raymond Reddington no podía tener otro final sino su muerte dado que de seguir vivo la serie continuaría, pero esa muerte era por decir lo menos complicada: No podía morir a manos de alguien quien había vencido a casi todos, también esto le hubiera dado a ese alguien un lugar prominente inmerecido solo por el hecho de matarle; tampoco podía ser preso pues morir de viejo en la cárcel era todavía más ominoso; no podía morir de viejo pues hubiera sido un final totalmente intrascendente; así que la única opción era morir a manos de la naturaleza siendo en este caso la de un toro. Entiendo que hay algo de filosófico en el mismo pues la conclusión de la vida no siempre es estruendosa: Al Capone murió de sífilis en la cárcel y Bonnie y Clyde acribillados en una emboscada, en el séptimo arte Vito y Michael Corleone murieron de viejos, así es la vida y tal vez eso se quiso compartir con la muerte de Raymon Reddington a causa de un toro. Con todo y todo muchos esperábamos un final más grandioso, no tan banal, acorde a la vida de Raymond Reddington, pero ¿cómo hubiera podido ser este? Esto es un intento por concluir esta serie de otra forma y, lo mejor, no es un final alternativo sino la continuación de donde se supone concluyó la serie en la figura del
Episodio 23, Temporada 10
El ficticio episodio 23 de la temporada 10 inicia con la
misma escena del inicio del episodio 22 de la misma temporada: Raymond
recostado en Villa Lobo, en Andalucía España. Ángela, la encargada del lugar,
entra dejando una jarra con agua y un vaso en una mesa al lado de la entrada.
Raymond recostado de lado, dándole la espalda, sigue dormido, descanso
necesario después de haber donado sangre para salvar a Dembe.
En la siguiente escena Ángela está en la cocina y Raymond aparece.
Raymond: Buenos días.
Ángela: Buenos días. ¿Cómo descansaste?
R: Tuve un sueño por demás raro.
A: Así son los sueños.
R: Estaba afuera, caminando. Me sentía tranquilo. No
recuerdo a dónde iba. Ressler llegaba aquí a buscarme.
A: ¿Ressler?
R: Un amigo. Yo seguía caminando. Llevaba una botella de
agua que me habías dado. Se me acababa. La dejaba en un límite entre tierras
dividido por piedras. Lo brincaba. Seguía caminando. No puedo recordar a donde
iba. De repente escuchaba una respiración grave, un bufido, me volvía y ahí,
enfrente mío, un toro, un espécimen hermoso, fuerte, con mirada de fuego. Me
veía, lo veía. Curiosamente no sentía yo miedo. Sentía, no sé: paz. El toro
arremetía contra mí. Yo no corría. Sentía paz. Luego todo se volvía negro. Lo
último que recuerdo es que Ressler llegaba en un helicóptero. No sé si a
rescatarme o solo a ver el resultado de aquel encuentro. No recuerdo bien. Solo
recuerdo que me sentía en paz. Desperté y aquí estoy.
A: Listo para el desayuno:
R: Pieza de pan, untado con ¿aceite de oliva?
A: Manteca colorá.
¿Qué prefieres? Leche, zumo o café.
R: ¿No tienes algo más fuerte?
A: Raymond, siempre el mismo. Será café.
Raymond toma el celular y habla con Copper, quien está en el
hospital con Dembe.
Cooper: ¿Raymond?
Raymond: Harold, ¿Cómo está Dembe?
C: Bien, recuperándose. Estoy aquí con él. ¿Dónde estás?
R: Por aquí, por allá, ya sabes como soy.
C: Hudson. Su muerte puso todo de cabeza.
R: A veces las cosas se acomodan cuando se ponen de cabeza.
C: ¿Qué intentas?, cierras tus negocios, se cancela la Lista
Negra. Siempre me has intrigado pero esta vez no veo hacia dónde va todo esto.
R: A veces las cosas se acomodan cuando se ponen de cabeza.
¿Y Ressler?
C: Al igual que la mitad de los agentes de este país tras tu
búsqueda.
R: ¿Sigue allá?
C: ¿Allá?, ¿has salido del país?, aquí anda, ¿por qué la
pregunta por Ressler?
R: Nada, un sueño sin sentido. ¿Puedo hablar con Dembe?
Cooper le pasa el teléfono a Dembe.
Dembe: Raymond.
Raymond: Dembe, ¿cómo va todo?
D: Recuperándome. Me dicen que gracias a ti.
R: No fue nada.
D: Salvaste mi vida.
R: Como tú me la salvaste muchas veces, amigo.
D: Raymond.
R: Dime.
D: Raymond.
R: Aquí estoy, Dembe.
D: Disculpa por haberle dado la carta a Liz.
R: Todo está bien, Dembe. Tal vez así es como tuvo que ser.
D: Se que me pediste se la diera después. Una vez que te
hubieras ido.
R: Olvídalo.
D: Necesito decirlo. Sé me pediste se la diera después de
que te hubieras ido, sé que ahí le explicabas todo, quien eras, por qué habías
hecho lo que habías hecho, como podía y por qué continuarlo, pero no quería
quitarle a ella la oportunidad de verte, de verte realmente, antes de que te
fueras. Supuse que ella como madre lo entendería.
Entra un agente y llama a Cooper afuera.
R: Hubo un momento, Dembe, antes de aquel disparo. Ella con
la pistola en la mano apuntando, dijo no podía, yo le dije todo estaba bien.
Hubo un momento antes de aquel disparo. Un momento. Un pequeño momento que fue
eterno donde los dos nos vimos a los ojos. Ya nos habíamos visto muchas veces,
pero en esa ocasión la mirada fue distinta. Un momento eterno. Se lo entendió.
Te agradezco.
D: ¿Me agradeces?
R: Pudo verme al final, la pude ver al final. Eso no tiene
valor. Me equivoqué en lo que te pedí. No podíamos irnos como dos extraños.
Gracias.
[Raymond tiene un ataque de tos expulsando sangre]
D: ¿Ha vuelto?
R: En realidad nunca se fue.
D: ¿Qué dice el Dr. Zhumiro?
R: ¿Qué saben los doctores?, hace diez años debió haber esto
terminado y aquí seguimos.
D: El cierre de tus negocios, el repartir tu dinero, ¿todo
esto es por eso?
R: A veces la vida nos da más de lo que esperábamos, Dembe.
Hace diez años mi hija no me conocía, hoy, no solo me conoció sino que llegué a
conocer a mi nieta… y mis amigos.
Cooper regresa y le pide a Dembe el celular.
Cooper: Raymond.
Raymond: Harold.
C: Necesitamos regreses.
R: [ríe] Dime una sola cosa por la que habría de regresar.
C: Agnes.
En un aeropuerto militar, lleno de agentes y militares,
aterriza un helicóptero. De él baja Raymond. Cooper va a su encuentro. Suben a
un auto. Avanzan seguidos por todo un convoy de vehículos, federales y
militares. En el auto va el equipo de la Lista Negra, Cooper, Ressler, Malik,
también va Panabaker.
Raymond: ¿Qué tan grave es la situación?
Cooper: Grave.
Panabaker: Muy grave.
R: ¿Cómo pasó esto, Harold?
C: Tú dímelo.
Donald: Andrei Slovenko, ¿lo conoces?
R: De mi equipo
Malik: ¿Pudieras ser más específico?
R: Era el encargado de, por decirlo en cierto modo,
administrar La Granja
C: ¿La Granja?
R: Un complejo ubicado en Europa Oriental donde mi equipo
procesaba y analizaba toda la información de inteligencia que se obtenía.
D: ¿Procesaba?
R: Tuve que, por así decirlo, prescindir de ella para
eliminar a Alexander Kirk, o Constantine Rostov, como gusten llamarlo. Larga
historia.
C: ¿Y cómo encaja Andrei y La Granja en todo esto?
R: Sé tanto como tu, Harold. ¿Y Agnes, cómo está?
M: Hasta ahorita bien, Andrei nos ha garantizado su
seguridad si te presentas tu.
Herbie [volteando una LapTop]: Disculpen los interrumpa.
C: ¿Qué pasa, Herbie?
H: La situación ha pasado de muy grave a… a… lo que se más
que muy grave.
P: ¿Cómo es eso?
H: Los misiles han sido activados. En treinta minutos estará
despegando.
C [dirigiéndose al chofer]: ¿Cuánto falta para la base?
Chofer: 25 minutos, señor.
C: Que sean 20
El convoy acelera. Salen de la carretera. Siguen por
terracería. Una reja con señalamientos del gobierno ha sido abierta. Militares
les dan el paso. EL convoy no disminuye la velocidad. Llegan a su destino.
Todos se bajan.
Se acercan a la montaña.
Una enorme puerta cierra la entrada.
Un general teclea el acceso.
Las puertas se abren.
Todos entran.
Avanzan hasta dar con una sala de comando. Andrei está ahí…
con Agnes.
Andrei: Hasta ahí tus acompañantes, Raymond.
Todos se detienen. Raymond avanza.
Raymond: Agnes.
Agnes: Pinky, ¿qué pasa?
R: Todo está bien, linda, vengo por ti.
A: Sabría vendrías, Raymond.
R: ¿Qué quieres, Andrei?
A: ¿Qué si qué quiero?, lo que me quitaste.
R: ¿Qué te quité, Andrei?
A: El mundo.
R: ¿No te fue suficiente tu indemnización?
A: ¿Indemnización?, ¿crees que se trata de eso?
R: Si no, ¿de qué más?
A: ¿Qué buscábamos, Raymond?
R: Yo se lo que buscaba, no se que buscabas tu.
A: ¡El mundo, Raymond, el mundo!
R: ¿Y qué harías con él, Andrei?
A: Estábamos tan cerca, Raymond. He estado contigo lado a
lado. La Granja. Cuando la destruiste vi que algo había cambiado en ti. Estábamos
tan cerca. Todo el mundo, Raymond, todo el mundo, ¿cuánto puede valer eso como
para dejarlo ir?
R: A veces hay cosas más valiosas, Andrei.
A: ¿Cómo ella?, ¿es tu nieta, es cierto?
R: Si
[Se quedan viendo]
R: ¿Qué quieres, Andrei?
A: El mundo, Raymond, ya te lo dije.
R: ¿Cómo lograste…?
A: ¿Entrar?, fácil: Enigma.
R: ¿Enigma?, ¿no fue destruida en La Granja?
A: ¿Sabes, Raymond?, siempre fuiste un romántico, ¿por qué
nombrarla como aquella máquina de rotores de la primera guerra mundial?, ¡esta
era superior!
R: Por eso la tomamos, Andrei, ¿recuerdas?
A: Si que era superior, ¡un aparato que hackea y decodifica
cualquier sistema!, y no, Raymond, no se destruyó en La Granja. Estaba en la
bóveda. Volví por ella y ¡mira!, la prueba que es excelente es esta: Ingresé
sin mayores problemas, bueno… salvo mis hombres [voltea a ver los cadáveres de
sus mercenarios]. ¿Quién iba a decir que la base más estratégica de este país
solo contaría con un puñado de hombres?
R: Nadie sabía de ella.
A: Así es, Raymond, nadie… solo nosotros. Cinco misiles
supersónicos con carga nuclear ¡custodiados por unos cuantos!
R: ¿Qué quieres, Andrei?
A: Ya te lo dije, Raymond, el mundo. Estuvimos cerca, casi
podía tocarlo. Ahora me lo has quitado. SI no puedo tenerlo, bueno pues.
R: ¿De qué hablas?
A: Cinco misiles supersónicos con carga nuclear, cinco
ciudades de este país, cinco minutos para que se desate el infierno.
R: ¿Y Agnes?
A: ¿Agnes? [soltándola], ella era solo para traerte.
Agnes correo, llega a donde Raymond y lo abraza
R: Todo está bien
Agnes: ¿Qué pasa, Pinky?
R: Todo está bien. Harold.
Andrei: Cinco minutos para que todo arda, Raymond.
R: Sabes no saldrás de aquí con vida, ¿verdad Andrei?
A: Sin un mundo, ¿para que quisiera salir?
Raymond abraza a Agnes tapando sus oídos. Saca un arma y le
dispara a Andrei. Andrei cae.
Raymond: Harold.
Harold se acerca y toma a Agnes. Raymond se acerca a Andrei
quien agoniza.
Andrei [riendo]: ¿Crees no previne esto?
Raymond ve el maletín Enigma conectado al sistema de la
base.
Andrei: Oh, si, Raymond, pudieras parar todo. Tus
biométricos están ahí. Los cargué como medida de seguridad. Puedes volar los
misiles en sus silos, toda la montaña colapsaría. Solo que no puedes
desconectar a Enigma pues el ciclo ha comenzado. Detener todo sí, pero una vez
que ingreses tus biométricos tendrás diez segundos para detonar los misiles en
sus silos, pero tu perecerías.
¿Antepondras ahora el bien de los demás sobre el tuyo propio? Nunca vi
al gran Raymond Raddignton viendo otra cosa que sus intereses.
Raymond le da un balazo y lo mata.
Raymond: Ni lo veras.
Herbie: Faltan tres minutos para el lanzamiento.
Panabaker: ¿No puede hacerse nada?
Malik: Los misiles son supersónicos, van contra nuestras
ciudades, no hay manera de interceptarlos en el aire. Millones perecerán.
Raymond: Salgan.
Ressler: ¿Qué harás?
Raymond: Salgan.
Agnes: ¡Pinky!
Raymond voltea. Ve a Agnes.
Raymond: Harold.
Harold: ¡Todos fuera!
Salen todos.
Suben a los vehículos y arrancan.
Herbie: ¿No estamos demasiado cerca?
Malik: La montaña contendrá la explosión.
Agnes: Pinky.
Dentro Raymond toma a Enigma. La mira un momento. Ve que
falta un minuto.
Pone su mano sobre el scanner de Enigma. Comienzan los diez
segundos.
En ese tiempo, con la música de “A mi manera”, de Gipsy
Kings, comienza a recordar estos últimos años. No los enemigos que abatió, no
aquellos que terminó venciendo, no a todos los que mató, sino los momentos
felices que vivió: Momentos de risa, abrazo y llanto con Elizabeth, con Agnes, Harold,
con Tom, con Donald, con Glen, con Samar, con Dembe, con Aram, todos pasan por
su mente, las últimas imágenes son el abrazo entrañable que en su momento le
dio una vez a Elizabeth. 5, 4, 3, 2… aplasta el botón.
Afuera todos escuchan la detonación y ven como la montaña se
colapsa sobre sí misma arrojando mucho polvo cubriendo poco a poco todo hasta
la oscuridad total.
La siguiente escena muestra a todos en un servicio fúnebre
de honor en el cementerio donde está Elizabeth.
Está el Presidente, Vicepresidente, miembros del gabinete,
militares, funcionarios federales de todas las agencias. En primera fila el
equipo de la Lista Negra y Agnes. PAnabaker habla.
Panabaker: Hay momentos que redimen toda una vida, y hay
vidas que se definen por un momento. El día de hoy el nombre de Raymond
Raddignton acaba de ser quitado de la lista de los más buscados para escribirse
con honor en la lista de los héroes de esta nación…
[sigue hablando aunque los de la primer fila no la oyen pues
sus mentes están en otro lado]
Termina el discurso.
El Presidente se acerca a Agnes. Le da la Medalla
Presidencial de la Libertad.
Presidente: Tu abuelo fue un héroe.
Agnes: Lo sé.
Todos se retiran, solo quedan los de la Lista Negra.
Ressler: ¿Quién hará los honores?
Cooper: No sabría que decir.
En eso llega una persona: ¿Harold Cooper?
Cooper: ¿Si?
Le entrega un sobre
¿Donald Ressler?
Ressler: Si
Le entrega un sobre.
¿Siya Malik?
Malik: Si
Le entrega un sobre y se retira.
Todos intrigados abren los sobres. En ese momento otros, en
otras partes abren sobres similares: Samar, Aram, Alina. Dembe en su casa abre
la caja que en su momento le dio Raymond.
Ressler: ¿Qué significa esto?
Cooper: Parece que es nuestro retiro.
Malik: ¿Esto es real?
Cooper: Los cheques así lo parecen. Y también este
fideicomiso para Agnes. Con esto me retiro. ¿Saben?, lo primero que haré será
ir a un juego de los 49ers de San Francisco, no los veo jugar desde que estaba John
Taylor.
Ressler: ¿Ver un partido de los 49ers?, ¿bromeas?, con esto
puedes comprar el equipo, el estadio, que diablos: ¡la ciudad!
Todos se retiran.
El atardecer de fondo de las lápidas.
La cámara recorre las lápidas. Primero la de Tom, luego la
de Elizabeth, por último, la de Raymond. El sombrero Fedora está encima de ella
mientras se escucha el estribillo final de “A mi manera” de los Gipsy King: ¡A
mi manera!
FIN
The last episode with which The Blacklist concluded, episode 22 of season 10, left many of us with the feeling that it could have been different. Raymond Reddington's life could not have had any other ending but his death, as if he had remained alive, the series would have continued. However, this death was, to say the least, complicated. He couldn't die at the hands of someone who had defeated almost everyone, as this would have given that person an undeserved prominent place solely for killing him. He also couldn't be imprisoned, as dying of old age in jail would have been even more ominous. Dying of old age would have been a completely inconsequential ending. So, the only option was to die at the hands of nature, in this case, that of a bull. I understand that there is something philosophical about it, as the conclusion of life is not always dramatic. Al Capone died of syphilis in prison, and Bonnie and Clyde were riddled with bullets in an ambush. In the seventh art, Vito and Michael Corleone died of old age. That's life, and perhaps that's what was intended to be conveyed with Raymond Reddington's death by a bull. Nevertheless, many of us were hoping for a more grandiose ending, not so trivial, befitting the life of Raymond Reddington. But how could this have been? This is an attempt to conclude this series in a different way, and, importantly, it's not an alternative ending but a continuation of where the series is supposed to have concluded, in the form of the...
Episode 23, Season 10
The fictional episode 23 of season 10 starts with the same scene as the beginning of episode 22 of the same season: Raymond lying down in Villa Lobo, in Andalusia, Spain. Angela, the person in charge, enters placing a pitcher of water and a glass on a table near the entrance. Raymond lies on his side, facing away, still asleep, much needed rest after donating blood to save Dembe.
In the next scene, Angela is in the kitchen and Raymond appears.
Raymond: Good morning.
Angela: Good morning. How did you sleep?
R: I had a rather strange dream.
A: That's how dreams are.
R: I was outside, walking. I felt peaceful. I don't remember where I was going. Ressler arrived here to find me.
A: Ressler?
R: A friend. I kept walking. I had a bottle of water you had given me. It was running out. I left it on a boundary between lands divided by stones. I jumped over it. I kept walking. I can't remember where I was going. Suddenly, I heard a deep breath, a snort, I turned around, and there, in front of me, a bull, a beautiful specimen, strong, with eyes like fire. It saw me, I saw it. Strangely, I didn't feel fear. I felt, I don't know: peace. The bull charged at me. I didn't run. I felt peace. Then everything turned black. The last thing I remember is Ressler arriving in a helicopter. I don't know if to rescue me or just to see the outcome of that encounter. I don't remember well. I just remember feeling at peace. I woke up, and here I am.
A: Ready for breakfast:
R: Piece of bread, spread with olive oil?
A: Manteca colorá. What do you prefer? Milk, juice, or coffee.
R: Don't you have something stronger?
A: Raymond, always the same. It'll be coffee.
Raymond takes his phone and calls Cooper, who is at the hospital with Dembe.
Cooper: Raymond?
Raymond: Harold, how is Dembe?
C: Fine, recovering. I'm here with him. Where are you?
R: Around here, around there, you know how I am.
C: Hudson. His death turned everything upside down.
R: Sometimes things fall into place when they're turned upside down.
C: What are you trying to do? You're shutting down your operations, canceling the Blacklist. You've always intrigued me, but this time I don't see where all of this is going.
R: Sometimes things fall into place when they're turned upside down. And Ressler?
C: Like half of the agents in this country, he's after you.
R: Is he still there?
C: There? Have you left the country? He's around here. Why the question about Ressler?
R: Nothing, just a senseless dream. Can I talk to Dembe?
Cooper hands the phone to Dembe.
Dembe: Raymond.
Raymond: Dembe, how's everything going?
D: Recovering. They tell me it's thanks to you.
R: It was nothing.
D: You saved my life.
R: Just as you've saved mine many times, my friend.
D: Raymond.
R: Tell me.
D: Raymond.
R: I'm here, Dembe.
D: I'm sorry for giving Liz the letter.
R: It's all right, Dembe. Maybe that's how it had to be.
D: I know you asked me to give it to her later. Once you were gone.
R: Forget about it.
D: I need to say it. I know you asked me to give it to her after you were gone, I know you explained everything to her in there, who you were, why you did what you did, how she could and why she should continue it, but I didn't want to take away the chance for her to see you, to really see you, before you left. I assumed that as a mother she would understand.
An agent enters and calls Cooper outside.
R: There was a moment, Dembe, before that shot. She had the gun in her hand, aiming, and she said she couldn't, I told her it was okay. There was a moment before that shot. A moment. A small moment that felt eternal where we looked into each other's eyes. We had seen each other many times, but this time the look was different. An eternal moment. She understood. I thank you.
D: You thank me?
R: She could see me in the end, I could see her in the end. That's priceless. I was wrong in what I asked of you. We couldn't leave as strangers. Thank you.
[Raymond has a coughing fit, coughing up blood]
D: Has it come back?
R: It never really left.
D: What does Dr. Zhumiro say?
R: What do doctors know? This should have been over ten years ago, and here we are.
D: Closing your businesses, distributing your money, is all of this because of that?
R: Sometimes life gives us more than we expected, Dembe. Ten years ago, my daughter didn't know me, today, not only did she get to know me, but I also got to know my granddaughter... and my friends.
Cooper returns and asks Dembe for his phone.
Cooper: Raymond.
Raymond: Harold.
C: We need you to come back.
R: [laughs] Tell me one thing that would make me want to come back.
C: Agnes.
At a military airport, filled with agents and military personnel, a helicopter lands. Raymond steps out of it. Cooper goes to meet him. They get into a car and are followed by a convoy of vehicles, federal and military. In the car are the Blacklist team, Cooper, Ressler, Malik, and Panabaker.
Raymond: How serious is the situation?
Cooper: Very serious.
Panabaker: Extremely serious.
R: How did this happen, Harold?
C: You tell me.
Donald: Andrei Slovenko, do you know him?
R: He was on my team.
Malik: Could you be more specific?
R: He was in charge of, to put it a certain way, managing The Farm.
C: The Farm?
R: A complex located in Eastern Europe where my team processed and analyzed all the intelligence information we obtained.
D: Processed?
R: I had to, so to speak, do without it to eliminate Alexander Kirk, or Constantine Rostov, as you like to call him. Long story.
C: And how does Andrei and The Farm fit into all of this?
R: I know as much as you do, Harold. And how's Agnes?
M: So far, so good. Andrei has assured us of her safety if you show up.
Herbie [turning a laptop]: Sorry to interrupt.
C: What's going on, Herbie?
H: The situation has gone from very serious to... well, more than very serious.
P: How so?
H: The missiles have been activated. They'll be launching in thirty minutes.
C [addressing the driver]: How far to the base?
Driver: 25 minutes, sir.
C: Make it 20.
The convoy speeds up. They leave the road. They continue on a dirt path. A gate with government signs has been opened. Soldiers let them through. The convoy doesn't slow down. They reach their destination.
Everyone gets out.
They approach the mountain.
A massive door blocks the entrance.
A general types the access code.
The doors open.
Everyone enters.
They advance until they find a command room. Andrei is there... with Agnes.
Andrei: That's as far as your companions go, Raymond.
Everyone stops. Raymond steps forward.
Raymond: Agnes.
Agnes: Pinky, what's going on?
R: Everything's fine, sweetheart, I've come for you.
A: I knew you'd come, Raymond.
R: What do you want, Andrei?
A: What do I want? What you took from me.
R: What did I take from you, Andrei?
A: The world.
R: Wasn't your settlement enough for you?
A: Settlement? Do you think it's about that?
R: If not, then what?
A: What were we seeking, Raymond?
R: I know what I was seeking, I don't know what you were seeking.
A: The world, Raymond, the world!
R: And what would you do with it, Andrei?
A: We were so close, Raymond. I've stood with you side by side. The Farm. When you destroyed it, I saw something had changed in you. We were so close. The whole world, Raymond, the whole world, how much can that be worth to let it go?
R: Sometimes there are things more valuable, Andrei.
A: Like her? She's your granddaughter, isn't she?
R: Yes.
[They stare at each other]
R: What do you want, Andrei?
A: The world, Raymond, I already told you.
R: How did you manage...?
A: To get in? Easy: Enigma.
R: Enigma? Wasn't it destroyed at The Farm?
A: You know, Raymond, you've always been a romantic. Why name it after that rotor machine from the first world war? This one was superior!
R: That's why we took it, Andrei, remember?
A: It was indeed superior, a device that hacks and decodes any system! And no, Raymond, it wasn't destroyed at The Farm. It was in the vault. I came back for it, and look! The proof of its excellence is this: I entered without major issues, well... except for my men [he looks at the corpses of his mercenaries]. Who would've thought that the most strategic base in this country would only have a handful of men?
R: No one knew about it.
A: That's right, Raymond, no one... just us. Five supersonic missiles with nuclear payload guarded by just a few!
R: What do you want, Andrei?
A: I already told you, Raymond, the world. We were close, I could almost touch it. Now you've taken it from me. If I can't have it, well then...
R: What are you talking about?
A: Five supersonic missiles with nuclear payload, five cities of this country, five minutes until hell breaks loose.
R: And Agnes?
A: Agnes? [letting her go], she was just to bring you here.
Agnes runs over, reaches Raymond, and hugs him.
R: Everything is fine.
Agnes: What's going on, Pinky?
R: Everything is fine. Harold.
Andrei: Five minutes until everything burns, Raymond.
R: You know you won't leave here alive, right Andrei?
A: Without a world, why would I want to leave?
Raymond hugs Agnes, covering her ears. He pulls out a gun and shoots Andrei. Andrei falls.
Raymond: Harold.
Harold approaches and takes Agnes. Raymond goes to Andrei, who is in agony.
Andrei [laughing]: Do you think I didn't foresee this?
Raymond sees the Enigma briefcase connected to the base's system.
Andrei: Oh, yes, Raymond, you could stop everything. Your biometrics are there. I loaded them as a security measure. You can launch the missiles in their silos, the whole mountain would collapse. But you can't disconnect Enigma because the cycle has begun. Stop everything, yes, but once you input your biometrics, you'll have ten seconds to detonate the missiles in their silos, but you would perish. Will you now prioritize the good of others over your own? I never saw the great Raymond Raddington looking at anything other than his own interests.
Raymond shoots him, killing him.
Raymond: You won't see it.
Herbie: Three minutes until launch.
Panabaker: Can't anything be done?
Malik: The missiles are supersonic, they're headed for our cities, there's no way to intercept them in the air. Millions will perish.
Raymond: Get out.
Ressler: What will you do?
Raymond: Get out.
Agnes: Pinky!
Raymond turns. He sees Agnes.
Raymond: Harold.
Harold: Everyone out!
They all exit.
They get into the vehicles and drive away.
Herbie: Aren't we too close?
Malik: The mountain will contain the explosion.
Agnes: Pinky.
Inside, Raymond takes Enigma. He looks at it for a moment. He sees there's one minute left.
He places his hand on Enigma's scanner. The ten-second countdown begins.
During that time, with the music of "A mi manera" by Gipsy Kings, he starts to remember these past years. Not the enemies he defeated, not those he ultimately overcame, not all those he killed, but the happy moments he lived: moments of laughter, hugs, and tears with Elizabeth, with Agnes, Harold, with Tom, with Donald, with Glen, with Samar, with Dembe, with Aram, they all pass through his mind. The last images are the heartfelt embrace he once gave to Elizabeth. 5, 4, 3, 2... he presses the button.
Outside, everyone hears the detonation and watches as the mountain collapses upon itself, throwing up a lot of dust, gradually covering everything in total darkness.
The next scene shows everyone at an honorary funeral service at the cemetery where Elizabeth is laid to rest.
The President, Vice President, cabinet members, military personnel, federal officials from all agencies are present. In the front row, the Blacklist team and Agnes. Panabaker speaks.
Panabaker: There are moments that redeem a whole life, and there are lives defined by a moment. Today, the name Raymond Reddington has just been removed from the most wanted list to be written with honor on the list of heroes of this nation...
[She continues speaking, though those in the front row don't hear her as their minds are elsewhere.]
She finishes her speech.
The President approaches Agnes. He presents her with the Presidential Medal of Freedom.
President: Your grandfather was a hero.
Agnes: I know.
Everyone leaves, leaving only the members of the Blacklist.
Ressler: Who will do the honors?
Cooper: I wouldn't know what to say.
Just then, a person arrives.
Person: Harold Cooper?
Cooper: Yes?
They hand him an envelope.
Person: Donald Ressler?
Ressler: Yes.
They hand him an envelope.
Person: Siya Malik?
Malik: Yes.
They hand her an envelope and leave.
Everyone is intrigued and opens their envelopes. At that moment, others in different places open similar envelopes: Samar, Aram, Alina. Dembe at his home opens the box Raymond gave him.
Ressler: What does this mean?
Cooper: It seems to be our retirement.
Malik: Is this real?
Cooper: The checks seem to indicate so. And also this trust fund for Agnes. With this, I retire. You know, the first thing I'll do is go to a San Francisco 49ers game. I haven't seen them play since John Taylor was on the team.
Ressler: Watch a 49ers game? Are you kidding? With this, you could buy the team, the stadium, hell: the city!
They all leave.
The sunset in the background of the gravestones.
The camera pans across the gravestones. First Tom's, then Elizabeth's, and finally Raymond's. His Fedora hat rests on top of it as the final chorus of "A mi manera" by the Gipsy Kings plays: My way!
THE END
Le dernier épisode avec lequel The Blacklist s'est terminée, l'épisode 22 de la saison 10, nous a laissés avec le sentiment qu'il aurait pu être différent. La vie de Raymond Reddington ne pouvait avoir d'autre fin que sa mort, car si elle avait continué à vivre, la série aurait perduré. Cependant, cette mort était, pour le moins, compliquée. Il ne pouvait pas mourir aux mains de quelqu'un qui avait vaincu presque tout le monde, car cela aurait donné à cette personne une place prééminente non méritée uniquement pour l'avoir tué. Il ne pouvait pas non plus être emprisonné, car mourir de vieillesse en prison aurait été encore plus sinistre. Mourir de vieillesse aurait été une fin complètement insignifiante. Ainsi, la seule option était de mourir aux mains de la nature, en l'occurrence, celle d'un taureau. Je comprends qu'il y a quelque chose de philosophique en cela, car la conclusion de la vie n'est pas toujours spectaculaire : Al Capone est mort de la syphilis en prison, et Bonnie et Clyde ont été criblés de balles dans une embuscade. Dans le septième art, Vito et Michael Corleone sont morts de vieillesse. C'est la vie, et peut-être que c'est ce qui a été voulu avec la mort de Raymond Reddington à cause d'un taureau. Néanmoins, beaucoup d'entre nous espéraient une fin plus grandiose, pas si banale, conforme à la vie de Raymond Reddington. Mais comment aurait-ce pu être ? Il s'agit d'une tentative de conclure cette série d'une manière différente et, surtout, ce n'est pas une fin alternative mais la continuation de là où la série est censée avoir pris fin, sous la forme du...
Épisode 23, Saison 10
Le fictif épisode 23 de la saison 10 commence avec la même scène que le début de l'épisode 22 de la même saison : Raymond allongé à Villa Lobo, en Andalousie, Espagne. Angela, la responsable des lieux, entre en laissant une carafe d'eau et un verre sur une table près de l'entrée. Raymond, couché sur le côté, dos tourné, continue de dormir, le repos nécessaire après avoir donné son sang pour sauver Dembe.
Dans la scène suivante, Angela est dans la cuisine et Raymond apparaît.
Raymond : Bonjour.
Ángela : Bonjour. As-tu bien dormi ?
R : J'ai fait un rêve vraiment étrange.
A : C'est ainsi avec les rêves.
R : J'étais dehors, en train de marcher. Je me sentais paisible. Je ne me souviens pas où je me rendais. Ressler est arrivé ici pour me chercher.
A : Ressler ?
R : Un ami. J'ai continué à marcher. J'avais une bouteille d'eau que tu m'avais donnée. Elle se vidait. Je la laissais à une frontière entre les terres, délimitée par des pierres. Je sautais par-dessus. Je continuais à marcher. Je ne peux pas me rappeler où j'allais. Puis j'ai soudain entendu une respiration lourde, un souffle, je me suis retourné et là, en face de moi, un taureau, une créature magnifique, puissante, avec un regard de feu. Il me regardait, je le regardais. Étonnamment, je n'avais pas peur. Je ressentais, je ne sais pas, la paix. Le taureau a chargé vers moi. Je n'ai pas couru. Je me sentais en paix. Puis tout est devenu noir. La dernière chose dont je me souviens, c'est que Ressler est arrivé en hélicoptère. Je ne sais pas s'il venait me sauver ou juste pour voir le résultat de cette rencontre. Je ne me souviens pas bien. Je me souviens seulement que je me sentais en paix. J'ai ouvert les yeux et me voilà ici.
A : Prêt pour le petit déjeuner :
R : Un morceau de pain, tartiné de l'huile d'olive ?
A : Manteca colorá. Qu'est-ce que tu préfères ? Du lait, du jus ou du café ?
R : N'aurais-tu pas quelque chose de plus fort ?
A : Raymond, toujours le même. Ce sera du café.
Raymond prend son téléphone et parle à Copper, qui est à l'hôpital avec Dembe.
Cooper : Raymond ?
Raymond : Harold, comment va Dembe ?
C : Bien, il se remet. Je suis ici avec lui. Où es-tu ?
R : Ici et là, tu sais comment je suis.
C : Hudson. Sa mort a tout chamboulé.
R : Parfois, les choses se remettent en place quand tout est chamboulé.
C : Qu'est-ce que tu essaies de faire ? Tu fermes tes affaires, la Liste Noire est annulée. Tu m'as toujours intrigué mais cette fois, je ne vois pas où tout cela mène.
R : Parfois, les choses se remettent en place quand tout est chamboulé. Et Ressler ?
C : Comme la moitié des agents de ce pays, à ta recherche.
R : Est-il toujours là-bas ?
C : Là-bas ? Tu as quitté le pays ? Il est ici, pourquoi la question concernant Ressler ?
R : Rien, juste un rêve sans importance. Puis-je parler à Dembe ?
Cooper passe le téléphone à Dembe.
Dembe : Raymond.
Raymond : Dembe, comment ça va ?
D : Je me remets. On me dit que c'est grâce à toi.
R : Ce n'était rien.
D : Tu as sauvé ma vie.
R : Comme tu m'as sauvé la vie tant de fois, mon ami.
D : Raymond.
R : Dis-moi.
D : Raymond.
R : Je suis là, Dembe.
D : Excuse-moi de lui avoir donné la lettre à Liz.
R : Tout va bien, Dembe. Peut-être que c'était ainsi que ça devait se passer.
D : Je sais que tu m'as demandé de la lui remettre après. Une fois que tu serais parti.
R : Oublie ça.
D : Je dois le dire. Je sais que tu m'as demandé de la lui donner après ton départ, je sais que là, tu lui expliquais tout, qui tu étais, pourquoi tu avais fait ce que tu avais fait, comment elle pouvait continuer et pourquoi. Mais je ne voulais pas lui enlever la chance de te voir, de te voir vraiment, avant que tu partes. J'ai supposé qu'elle, en tant que mère, comprendrait.
Un agent entre et appelle Cooper dehors.
R : Il y a eu un moment, Dembe, avant ce tir. Elle avait le pistolet en main, prête à tirer, elle a dit qu'elle ne pouvait pas. Je lui ai dit que tout allait bien. Il y a eu un moment avant ce tir. Un moment. Un petit moment qui a semblé éternel où nous nous sommes regardés dans les yeux. Nous nous étions déjà vus de nombreuses fois, mais cette fois-là, le regard était différent. Un moment éternel. Elle a compris. Je te remercie.
D : Tu me remercies ?
R : Elle a pu me voir à la fin, j'ai pu la voir à la fin. Cela n'a pas de prix. J'ai eu tort de te demander ça. Nous ne pouvions pas partir comme des étrangers. Merci.
[Raymond a une quinte de toux, crachant du sang]
D : Est-ce revenu ?
R : En réalité, il n'est jamais parti.
D : Que dit le Dr. Zhumiro ?
R : Que savent les médecins ? Il y a dix ans, tout cela aurait dû être terminé et nous voilà encore ici.
D : La fermeture de tes entreprises, la distribution de ton argent, tout ça à cause de ça ?
R : Parfois, la vie nous donne plus que ce à quoi nous nous attendions, Dembe. Il y a dix ans, ma fille ne me connaissait pas, aujourd'hui, non seulement elle me connaît, mais j'ai également eu l'occasion de rencontrer ma petite-fille... et mes amis.
Cooper revient et demande le téléphone à Dembe.
Cooper : Raymond.
Raymond : Harold.
C : Nous avons besoin que tu reviennes.
R : [rit] Dis-moi une seule raison pour laquelle je devrais revenir.
C : Agnes.
À un aéroport militaire, plein d'agents et de militaires, un hélicoptère atterrit. Raymond en descend. Cooper va à sa rencontre. Ils montent dans une voiture. Ils avancent suivis d'un convoi de véhicules, fédéraux et militaires. Dans la voiture se trouve l'équipe de la Liste Noire, Cooper, Ressler, Malik, ainsi que Panabaker.
Raymond : À quel point la situation est-elle grave ?
Cooper : Très grave.
Panabaker : Très grave.
R : Comment en sommes-nous arrivés là, Harold ?
C : À toi de me le dire.
Donald : Connais-tu Andrei Slovenko ?
R : De mon équipe.
Malik : Peux-tu être plus précis ?
R : Il était responsable, pour ainsi dire, de gérer La Ferme.
C : La Ferme ?
R : Un complexe situé en Europe de l'Est où mon équipe traitait et analysait toutes les informations de renseignement obtenues.
D : Traitait ?
R : J'ai dû, pour ainsi dire, m'en séparer pour éliminer Alexander Kirk, ou Constantine Rostov, comme vous préférez l'appeler. C'est une longue histoire.
C : Et comment Andrei et La Ferme s'inscrivent-ils dans tout ça ?
R : J'en sais autant que toi, Harold. Et Agnes, comment va-t-elle ?
M : Jusqu'à présent, elle va bien. Andrei nous a assuré de sa sécurité si tu te présentes.
Herbie [en regardant un ordinateur portable] : Excusez-moi de vous interrompre.
C : Que se passe-t-il, Herbie ?
H : La situation est passée de très grave à... à... pire que très grave.
P : Comment ça ?
H : Les missiles ont été activés. Dans trente minutes, ils seront lancés.
C [s'adressant au chauffeur] : Combien de temps jusqu'à la base ?
Chauffeur : 25 minutes, monsieur.
C : Fais en sorte que ce soit 20.
Le convoi accélère. Ils quittent la route. Ils continuent sur un chemin de terre. Une porte avec des panneaux gouvernementaux a été ouverte. Les militaires les laissent passer. Le convoi ne ralentit pas. Ils atteignent leur destination.
Tous descendent.
Ils s'approchent de la montagne.
Une énorme porte ferme l'entrée.
Un général tape le code d'accès.
Les portes s'ouvrent.
Tous entrent.
Ils avancent jusqu'à trouver une salle de commandement. Andrei est là... avec Agnes.
Andrei : C'est là que s'arrêtent tes accompagnateurs, Raymond.
Tous s'arrêtent. Raymond avance.
Raymond : Agnes.
Agnes : Pinky, que se passe-t-il ?
R : Tout va bien, chérie, je viens te chercher.
A : Je savais que tu viendrais, Raymond.
R : Que veux-tu, Andrei ?
A : Que veux-je ? Ce que tu m'as pris.
R : Qu'est-ce que je t'ai pris, Andrei ?
A : Le monde.
R : Ton indemnité ne t'a pas suffi ?
A : Indemnité ? Crois-tu que c'est de ça dont il s'agit ?
R : Sinon, de quoi s'agit-il ?
A : De ce que nous cherchions, Raymond.
R : Je sais ce que je cherchais, je ne sais pas ce que tu cherchais.
A : Le monde, Raymond, le monde !
R : Et que ferais-tu avec, Andrei ?
A : Nous étions si proches, Raymond. J'ai été à tes côtés. La Ferme. Quand tu l'as détruite, j'ai vu que quelque chose avait changé en toi. Nous étions si proches. Le monde entier, Raymond, le monde entier. À quel point cela peut-il valoir la peine d'être laissé partir ?
R : Parfois, il y a des choses plus précieuses, Andrei.
A : Comme elle ? C'est ta petite-fille, n'est-ce pas ?
R : Oui.
[Ils se regardent]
R : Qu'est-ce que tu veux, Andrei ?
A : Le monde, Raymond, je te l'ai déjà dit.
R : Comment as-tu fait... ?
A : Pour entrer ? Facile : Enigma.
R : Enigma ? N'a-t-elle pas été détruite à La Ferme ?
A : Tu sais, Raymond, tu as toujours été un romantique. Pourquoi l'appeler comme cette machine à rotors de la Première Guerre mondiale ? Celle-ci était supérieure !
R : C'est pourquoi nous l'avons prise, Andrei, tu te souviens ?
A : Oui, elle était supérieure, un appareil qui pirate et décode n'importe quel système ! Et non, Raymond, elle n'a pas été détruite à La Ferme. Elle était dans la chambre forte. Je suis revenu la chercher et regarde ! La preuve qu'elle est excellente est celle-ci : J'y suis entré sans trop de problèmes, enfin... à part mes hommes [il regarde les cadavres de ses mercenaires]. Qui aurait pensé que la base la plus stratégique de ce pays ne serait gardée que par une poignée d'hommes ?
R : Personne n'était au courant.
A : C'est ça, Raymond, personne... sauf nous. Cinq missiles supersoniques à charge nucléaire, gardés par quelques-uns seulement !
R : Qu'est-ce que tu veux, Andrei ?
A : Je te l'ai déjà dit, Raymond, le monde. Nous étions proches, je pouvais presque le toucher. Maintenant, tu me l'as pris. Si je ne peux pas l'avoir, eh bien...
R : De quoi parles-tu ?
A : Cinq missiles supersoniques à charge nucléaire, cinq villes de ce pays, cinq minutes avant que l'enfer ne se déchaîne.
R : Et Agnes ?
A : Agnes ? [il la lâche], elle était juste là pour te ramener.
Agnes court, arrive près de Raymond et le serre dans ses bras.
R : Tout va bien.
Agnes : Qu'est-ce qui se passe, Pinky ?
R : Tout va bien. Harold.
Andrei : Cinq minutes avant que tout ne brûle, Raymond.
R : Tu sais que tu ne sortiras pas d'ici vivant, n'est-ce pas Andrei ?
A : Sans un monde, pourquoi voudrais-je sortir ?
Raymond serre Agnes en lui couvrant les oreilles. Il sort une arme et tire sur Andrei. Andrei tombe.
Raymond : Harold.
Harold s'approche et prend Agnes. Raymond s'approche d'Andrei qui agonise.
Andrei [riant] : Penses-tu vraiment que je n'ai pas anticipé cela ?
Raymond voit la mallette Enigma connectée au système de la base.
Andrei : Oh, oui, Raymond, tu pourrais tout arrêter. Tes données biométriques sont là. Je les ai chargées comme mesure de sécurité. Tu pourrais faire exploser les missiles dans leurs silos, toute la montagne s'effondrerait. Mais tu ne peux pas déconnecter Enigma car le processus a déjà commencé. Arrêter tout, oui, mais une fois que tu auras entré tes données biométriques, tu n'auras que dix secondes pour faire exploser les missiles dans leurs silos, mais tu périrais. Vas-tu maintenant privilégier le bien des autres sur le tien ? Je n'ai jamais vu le grand Raymond Raddignton regarder autre chose que ses propres intérêts.
Raymond lui tire dessus et le tue.
Raymond : Tu ne verras rien.
Herbie : Trois minutes avant le lancement.
Panabaker : Il n'y a rien à faire ?
Malik : Les missiles sont supersoniques, ils vont vers nos villes, il n'y a aucun moyen de les intercepter dans les airs. Des millions vont périr.
Raymond : Sortez.
Ressler : Que vas-tu faire ?
Raymond : Sortez.
Agnes : Pinky !
Raymond se retourne. Il voit Agnes.
Raymond : Harold.
Harold : Tout le monde dehors !
Tout le monde sort.
Ils montent dans les véhicules et démarrent.
Herbie : Ne sommes-nous pas trop près ?
Malik : La montagne contiendra l'explosion.
Agnes : Pinky.
À l'intérieur, Raymond prend Enigma. Il la regarde un moment. Il voit qu'il reste une minute.
Il pose sa main sur le scanner d'Enigma. Les dix secondes commencent.
Pendant ce temps, sur la musique de "A mi manera" des Gipsy Kings, il commence à se souvenir de ces dernières années. Pas des ennemis qu'il a abattus, pas de ceux qu'il a fini par vaincre, pas de tous ceux qu'il a tués, mais des moments heureux qu'il a vécus : des moments de rire, d'étreinte et de pleurs avec Elizabeth, avec Agnes, Harold, avec Tom, avec Donald, avec Glen, avec Samar, avec Dembe, avec Aram, tous passent par son esprit, les dernières images sont l'étreinte affectueuse qu'il a donnée à Elizabeth. 5, 4, 3, 2... il appuie sur le bouton.
Dehors, tout le monde entend la détonation et voit la montagne s'effondrer sur elle-même, projetant beaucoup de poussière qui recouvre progressivement tout jusqu'à l'obscurité totale.
La scène suivante montre tout le monde lors d'un service funèbre d'honneur au cimetière où se trouve Elizabeth.
Il y a le Président, le Vice-Président, des membres du gouvernement, des militaires, des fonctionnaires fédéraux de toutes les agences. En première ligne, l'équipe de la Liste Noire et Agnes. Panabaker parle.
Panabaker : Il y a des moments qui rachètent toute une vie, et il y a des vies qui sont définies par un moment. Aujourd'hui, le nom de Raymond Raddignton vient d'être retiré de la liste des plus recherchés pour être inscrit avec honneur sur la liste des héros de cette nation...
[elle continue de parler mais ceux de la première rangée ne l'entendent pas car leurs esprits sont ailleurs]
Elle termine son discours.
Le Président s'approche d'Agnes. Il lui remet la Médaille Présidentielle de la Liberté.
Président : Ton grand-père était un héros.
Agnes : Je le
sais.
Tout le monde se retire, seuls restent ceux de la Liste Noire.
Ressler : Qui va faire les honneurs ?
Cooper : Je ne saurais dire.
À ce moment-là, une personne arrive : Harold Cooper ?
Cooper : Oui ?
Il lui remet une enveloppe.
Donald Ressler ?
Ressler : Oui.
Il lui remet une enveloppe.
Siya Malik ?
Malik : Oui.
Il lui remet une enveloppe et s'éloigne.
Tous, intrigués, ouvrent les enveloppes. À ce moment-là, d'autres, ailleurs, ouvrent des enveloppes similaires : Samar, Aram, Alina. Dembe, chez lui, ouvre la boîte que Raymond lui a donnée.
Ressler : Que signifie ceci ?
Cooper : Il semble que ce soit notre retraite.
Malik : Est-ce que c'est réel ?
Cooper : Les chèques en ont l'air. Et aussi cette fiducie pour Agnes. Avec ça, je prends ma retraite. Vous savez quoi ? La première chose que je ferai sera d'aller voir un match des 49ers de San Francisco, je ne les ai pas vus jouer depuis l'époque de John Taylor.
Ressler : Regarder un match des 49ers ? Tu plaisantes ? Avec ça, tu pourrais acheter l'équipe, le stade, bon sang : la ville !
Tout le monde se retire.
Le coucher de soleil en arrière-plan des tombes.
La caméra parcourt les tombes. D'abord celle de Tom, puis celle d'Elizabeth, enfin, celle de Raymond. Le chapeau Fedora est posé dessus tandis que l'on entend le refrain final de "A mi manera" des Gipsy Kings : ¡A mi manera !
FIN



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